lunes, enero 12, 2009

La belleza como clave del éxito.

Tomado de aquí.
Por Brenda Zaniuk

[ +++

"Los guapos ganan más dinero y consiguen mejores trabajos"

Muchas veces, ser hermoso abre puertas sin necesidad de golpearlas y depara destinos agraciados a quienes portan un rostro bonito.


Cuando te postulas a un empleo y mandas tu Curriculum Vitae muchas veces te encuentras ante la duda de agregar una fotografía tuya o no. Temes que quien reciba la solicitud se burle de ti o que te marque de engreída/o por presentar una fotografía en la que luces muy bien.Otras veces la presentación de una fotografía es requisito sine qua non que debes cumplimentar para que tu currículo sea tenido en cuenta.

Y otras tantas veces, puedes leer en los avisos clasificados la siguiente leyenda “se requiere personal con buena presencia”, donde leemos “feos, abstenerse”.

Ya sea que la belleza te haya beneficiado o no, comprenderás que una buena apariencia abre puertas por doquier, no sólo ligan mejores parejas y reciben tratos más cordiales, saludos más afectuosos y mejores atenciones desde que son muy pequeños, sino que además se quedan con los mejores empleos y, claro, cobran los mayores salarios.

Además de tener a disposición todo un rubro de profesiones exclusivas a los que un feo (o un gordo) jamás podría aspirar, siquiera soñar, y que son muy bien pagos por un trabajo sencillo y breve, por ejemplo el modelaje o las promociones, son los primeros que consiguen escalar en una empresa y, muchas veces, no responde a capacidades profesionales sino a su buena apariencia y a la buena imagen que la compañía en que trabaja obtendrá y mostrará.

Así, podemos entender que ser bello es ser exitoso, o por lo menos una garantía de que el camino al éxito no sufrirá desvíos.

Ingrid Olson es profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania e investigadora del Centro de Neurociencia Cognitiva y expresa que “Parece que los rostros atractivos ‘preparan’ nuestras mentes para hacernos más propensos a asociarlas con una emoción positiva”.

Olson, junto a Christy Marshuetz, estudian los procesos cognoscitivos que se ponen en marcha en la afirmación de que “las personas atractivas físicamente tienen ventajas y beneficios sociales y económicos sólo por ser atractivos”.

Así, explica Olson. “Las personas atractivas son mejor pagadas, son consideradas más inteligentes y recibirán mejor atención en la mayoría de las facetas de la vida. Este favoritismo, aunque pobremente comprendido, parece ser innato e intercultural. Los estudios sugieren que incluso los niños pequeños prefieren rostros atractivos”.

En el experimento que llevaron a cabo se le pidió a los participantes que identificasen fotografías juveniles de personas famosas; en la mayoría de los casos se señaló a gente hermosa, aunque no se supiese de quién se podría tratar. Ello demuestra claramente que la belleza y el éxito están enlazados como un prejuicio que todos llevamos dentro. De hecho, cuando nos cruzamos con un hombre muy hermoso o una mujer de largas piernas en nuestro camino, suponemos que se trata de algún famoso de la farándula.

El resultado de estos experimentos lo vemos cada día, en la calle; la preferencia por la belleza existe en todos los planos y, claro, en el laboral también.

Y en la selección de personal la belleza cuenta. Cuenta en la primera impresión y todos, inconscientemente participamos de ello: nos preparamos para una entrevista con nuestra mejor ropa y las mujeres recargan su maquillaje mientras los hombres emprolijan sus corbatas hasta la perfección. Sabemos que vernos bien es importante antes de que nos hagan cualquier pregunta que califique nuestra aptitud y competencia.

Pero un nuevo mito se devela: Si bien las mujeres bellas consiguen puestos de trabajo con mayor facilidad, son los hombres bellos los que se ven beneficiados con un salario más importante y que acceden a puestos de mayor jerarquía.

Esta afirmación nace de un nuevo estudio realizado por dos economistas de Estados y Canadá, Daniel Hamermesh (de la Universidad de Texas) y Jeff Biddle (de la Universidad de Michigan). Ellos encontraron que “a igualdad de capacidades, el 9 por ciento de los hombres cuyo aspecto los ubica “por debajo del promedio, gana el 9 por ciento menos por hora que otros hombres más atractivos”.

Como si este dato no fuera lo suficientemente contundente, también determinaron que el 32 por ciento de los hombres clasificados como apuestos obtienen un plus salarial del 5 por ciento.

Sin embargo, todas estas cifras no están demostrando que los feos están destinados al fracaso y la pobreza, simplemente ratifican que los lindos tienen más y mejores oportunidades.

Para determinar cómo acciona la belleza en el mercado laboral, Hamermesh y Biddle analizaron un grupo más homogéneo de trabajadores: abogados graduados en la misma facultad. Las fotos fueron evaluadas por gente que no los conocía y los clasificaba por atractivo físico. Con esos datos acudieron a la planilla de ingresos de los profesionales, con sorprendentes resultados.

Los economistas descubrieron que la belleza incide directamente en la carrera de profesionales jóvenes e independientes, que son elegidos directamente por los clientes y no en aquéllos que se encuentran en una cartera de contratantes o en un cargo o función pública. De hecho, el mercado privado se encontró despoblado de abogados feos que fueron “expulsados” por el sistema de elección y contratación impuesto por los clientes.

Esto sugiere que somos todos quienes discriminamos por belleza y no sólo los empleadores. El caso es que los empleadores saben que el público discrimina y por ello prefiere contratar empleados atractivos que saben les rendirán mejores ingresos, pues, la belleza, como hemos demostrado es más productiva económicamente hablando.

Lo que resulta increíble de las deducciones aquí expuestas es que, siendo el público y consumidor final quien ejerce la discriminación, por qué los Estados se esmeran en crear y promover políticas antidiscriminación para que acaten los empleadores.

Sin embargo de lo antedicho, la belleza no garantiza inteligencia ni aptitud profesional por lo que una persona que ha accedido a un empleo con mayor facilidad que otra que no ha sido agraciada con ojos claros y labios carnosos, se verá en el apuro de sostenerlo a lo largo del tiempo y para ello necesitará desarrollar cualidades profesionales que le califiquen; al fin y al cabo, las empresas y los empleadores buscan resultados y no sólo una cara bonita.

1 comentario:

Pancho dijo...

uta, con razon XD